
El nacimiento de la Virgen, de Giovanni di Milano – 1365 c.a
Recientemente alguien a quien amo en el sentido puro, pues no lo es aquel de pareja, y estimo por igual, dando escucha a sus —mil— inquietudes me decía que tal vez se estaba planteando cambiar su precioso y bien pagado trabajo por una misión más noble en la tierra; acompañar/ayudar a las personas en el tránsito hacia la vida y hacia la muerte.
La verdad es que me quedé un tanto trastocado pues, aún conociendo su búsqueda continua de armónica conexión existencial, sinceramente no me lo esperaba. Además me di cuenta, razonando con ella, pues por supuesto fémina es, que justificaba su elección desde el punto de vista necrológico. En mi alta consideración y respeto que me inspiran aquellos profesionales de la salud que se especializan en el camino del peor de los desahucios, aquel de la vida.
A la par que mis reservas sobre las «doulas» son perezosas a disiparse. Si vamos a ver la moderna definición de tan selecta figura más o menos sería: ayudar a la parturienta a la que acompañan a sentirse a gusto, seguras y tranquilas tanto desde el punto de vista físico como sobre todo psicológico.
Y dicho así la verdad es que suena muy bien. Pero lo que me levanta un cierto resquemor es tanto la sociedad en la que vivimos, que genera la necesidad de tales figuras en un acto que debería ser mucho más connatural, como, y sobre todo, su puesta en discusión dede los profesionales de la salud.
Necesito hacer varias premisas, la primera y quizá la más importante, es que es obvio que poco puedo yo hablar del tema desde mi ser hombre, a pesar de ser padre de cuatro ya no párvulos, pero hombre. Así que deberías ser la mujeres a decir tal o cual, blanco o negro.
Pero por otro lado, me vino espontáneo aducir en tal confiada charla la pregunta natural ¿quién se puede permitir una doula? Y desde luego la respuesta es clara, visto entre otras cosas que su apoyo, efectivo e integral, por ser eso, integral, es bastante caro.
Aclarar que su posición en el proceso es solo de apoyo psico emocional y práctico y en ningún momento asumen, practican o invaden competencias del personal sanitario, siendo siempre la matrona la única persona responsable ante los profesionales de la salud y sobre todo la ley, la responsable en todo y para todo en un nacimiento.
Ahí tenemos otra cuestión; la matrona es una enfermera profesional con una especialización como matrona que suma seis años de formación reglada, mientras la doula no es una figura profesional ni reconocida ni reglada que se mueve en un vació legal tanto formativo como de responsabilidad.
Pero aún siendo una figura un poco entre el «coach» y el guru existencial, tampoco creo que a personas llenas de dudas y angustias, pudiéndoselo permitir, les venga tan mal esa clase de apoyo.
Pero, y vuelvo a mi pregunta existencial primaria. ¿Qué clase de sociedad tenemos para que en un proceso tan natural y maravilloso, se haya convertido en algo tan desnaturalizado y angustiante?
Por otro lado, me encanta este espíritu de querer ayudar a los demás pero… ayudamos solo a aquellos que pueden pagar una doula. Me cojea un poco el sentido puro del ayudar en manera sincera y altruista y no deja de ver en ello una mercantilización más de las angustias ajenas. Tipo royo de pijos, vamos.